Invernadero
Ya estábamos un poco cansadas cuando llegamos al invernadero, pero no nos quitó la sonrisa de la boca, ni siquiera el pensar que nos regresaríamos a casa como sardinas en el carro.
Ya estábamos un poco cansadas cuando llegamos al invernadero, pero no nos quitó la sonrisa de la boca, ni siquiera el pensar que nos regresaríamos a casa como sardinas en el carro.
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